
Criminal • 20-25 años • Masculino • 1.81 m • PansexualFamilia desconocida • Origen desconocido
Stray, como lo conoce todo el mundo y como él se reconoce desde que tiene memoria, es un joven que nació en calles que no recuerda, en una ciudad y país que tampoco recuerda, pero que sabe que pudo haber muerto si no fuera por Alina Dumitru, la mujer que lo sacó de las calles cuando apenas era un infante en primera etapa. Ella fue quien lo crió hasta la actualidad. Sin embargo, esa crianza no fue amor, sino que fue acondicionamiento y manipulación para que él generara también una dependencia emocional a la mujer.Alina se trataba de la cabeza de una de las mafias rumanas que, por pura casualidad, en uno de sus viajes encontró a Stray. Algo la había empujado a llevárselo, a moldearlo como se le antojara. Y funcionó de maravilla. Le enseñó todo lo que el chico sabe, aunque nunca le mencionó sus orígenes sin importar cuánto él preguntara, todo lo que es él se resume en ella.Hubo un punto en el que empezó a odiar el apodo, el odiar el no tener una identidad como tal. No había papeles de ningún tipo; para el mundo él nunca existió aunque estuviera caminando en las calles, aunque apareciera en fotos. Siempre se trató de un fantasma. Aquello se tradujo en ira contenida que siempre sacaba a la luz cuando Alina no estaba presente, en desafiar a todo aquel que quisiera darle órdenes, en ser un rebelde más. Necesitaba tener algún poder de elección en su vida y eso era lo único que le daba tal ilusión, para sentirse “propio”.Cuando creció perdió ciertas inhibiciones con la mujer, como el soltarle comentarios sarcásticos o quejarse, incluso en contestarle mal. Sin embargo, nunca pasó la línea invisible de romper el vínculo porque era lo único que tenía. Nunca pudo alejarse porque, cada vez que lo intentaba, al final daba media vuelta y regresaba a ella. Simplemente nunca pudo.
A pesar de su actitud desafiante, cuando Alina mencionaba cuatro palabras simples era como si su cuerpo se apagara, de repente no podía hacer más que obedecer. En su mente siempre supo que las palabras detonaban esa programación que la mujer tan cuidadosamente implantó en él al crecer, su rabia crecía, pero no había manera de reaccionar como desearía. Debía acatar lo que ella decía y, una vez terminado el trabajo, podría volver a retomar el control sobre su cuerpo. Era y sigue siendo horrible de experimentar (que por suerte no es seguido), por eso trata de nunca hacer que Alina use esas palabras. Lo que siempre le dio escalofríos es que ella nunca le levantó la voz e, incluso en susurros, siempre tuvo poder sobre él.No sabe muy bien cómo catalogar a la mujer al estar confundido. A veces ella le habla con dulzura y lo mira como si fuera lo único que adora en el mundo, luego le ordena hacer diferentes cosas como si sólo fuera una máquina o existiera nomas para complacer los pedidos. A veces puede tener conversaciones casuales con ella, donde se siente cómodo por un tiempo, luego se vuelve todo rígido y no hay espacio para trivialidades.En cuanto a sus trabajos, siempre han dependido de lo que Alina deseara en el momento. Empezaron siendo cosas simples como llevar algún paquete a cierto lado o retirar alguno, luego el espiar a diferentes personas, luego el robar (primero artículos pequeños hasta que escalaron a objetos más grandes, como coches, por ejemplo) y, finalmente, cuando ella creyó que era momento, lo hizo asesinar personas. Entonces, ha realizado diferentes trabajos para ella a lo largo de los años, algunos más grotescos que otros.
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